¡Hola!
No se puede empezar a escribir
sobre calidad sin tener en cuenta que los pilares donde se asienta la CALIDAD
con mayúsculas son las personas. Sin éstas, la calidad no adquiere un
significado real. Las cosas pueden TENER calidad (texturas, sabores, confort,
etc.) los lugares pueden TENER calidad (amplios, acogedores, luminosos, etc.) y
todo ello está bien. Pero solo SER de
Calidad si el factor humano interviene en ellas.
Cuando hablo de calidad humana me
refiero a los valores que una persona debe poseer. Hablo de respeto, de educación, de espíritu de
sacrificio, de espíritu de servicio, de bondad, de amabilidad, de
responsabilidad, dulzura, paciencia, compromiso, lealtad, cariño, etc.
Si pensásemos en el prójimo como
aquellas personas que directa o indirectamente reciben el impacto, sufren o
gozan en mayor menor medida las consecuencias o repercusiones de nuestros
actos, deberíamos ser más cautelosos y más humanos a la hora de realizarlos.
Básicamente todos necesitamos las
mismas cosas: alimento para el cuerpo y alimento para el alma. Las necesitamos
de forma distinta, es cierto, pero todo se reduce a eso. Y en la forma en la que recibimos ambos
alimentos se encuentra las mil y una diferencias que nos diferencian. Y es en
la manera que damos ambos alimentos donde se muestra nuestra condición de
humanos.
La Calidad Humana se muestra
siempre al DAR y al RECIBIR. Todos somos actores y espectadores al mismo
tiempo. De todo. Así pues todos hemos de mejorar.
En ambos verbos, en el ámbito de
la calidad, profundizaremos en futuras entradas.
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